NARIÑO

Video | Túquerres | Estallido cultural en homenaje a los Comuneros del Sur

La Alcaldía Municipal de Túquerres convocó  el PRIMER ESTALLIDO CULTURAL, DANCISTICO ANCESTRAL, HISTÓRICO Y POETICO, que se llevó a cabo este 22 de noviembre, a los 220 años del sacrificio y castigo de comuneros y comuneras de que se levantaron contra los impuestos.

La presidenta de la Academia Nariñense de Historia, Lidia Inés Muñoz Cordero, con motivo de esta conmemoración, dió una lección de historia:

«Efemérides Histórica

El anti olvido de los comuneros y comuneras de 1800

220 años del sacrificio en Pasto de los comuneros y comuneras del sur, 22de noviembre de 1802

La sentencia dictada contra los comuneros y comuneras el 4 de julio en Popayán dice que, aunque no había un claro responsable del pillaje destrozo de estanquillos y casas de los pueblos, se tenía que condenar a alguien y es así como se establecen las penas a los siguientes: que Ramón Cucas Remo y Julián Carlosama debían ser arrastrados por las calles a cola de caballos y suspensos en la horca hasta que murieran y descuartizados sus cuerpos se pondrán sus cabezas en la plaza de Túquerres y las manos en la de Guaitarilla; a Ramírez se condenaba 200 azotes y 8 años de presidio, también a la horca a Lorenzo Piscal “que comenzó con insultos a la fábrica y con un tambor excitaba el tumulto”, a Mariano Cerón, Baltazar Tutistar, Bernardo Baca y José Betancourt como cómplices, a la misma pena; a las mujeres, a Paula Flores, Fulgencia Chaucanes, Liberata Morongol, Josefa Bolaños y Juana Rivadeneira haciendo 100 azotes 2 años de destierro de Túquerres Guaitarilla y Manuela Tarapues Cumbal acusada de haber despedazado el auto del recubrimiento, es condenada a 100 azotes y a barrer durante 4 años la iglesia del último pueblo; otros menos implicados fueron sancionados con destierro por 2 años de la provincia.

A los de pena capital se ordenó la confiscación de sus bienes, como también se absolvió a Francisca Aucu, a Sebastián Sapuyes y a Francisco Nascual.

Además se prescribe que a la ejecución de la pena debían asistir todos los caciques principales y alcaldes de Túquerres, Guaitarilla, Sapuyes y Muelles y Chaitán y entre todos estos pueblos implicados se debían lograr la reposición de la fábrica, estanquillos y casas destruidas.

La Real Audiencia confirma su sentencia pero con las modificaciones siguientes: que se cortara la cabeza a Piscal cuando muerto y se la colocace cerca de la fábrica real, ya de la ruina, y que Marcelo Ramírez, Cerón, Turistas, Baca y Betancourt, pagasen presidió en Cartagena o Chagres que quedaba en Panamá durante 8 años. Además, a las 5 mujeres involucradas se convirtió la pena de azotes en vergüenza pública, entendiéndose el destierro fuera de la provincia; al igual que a la Cumbal o sea a Manuel Tarapues Cumbal, cuyo servicio sería en la iglesia lejos de ese país

Casi un año y medio pasaron en la cárcel los comuneros y comuneras del sur, hombres y mujeres que fueron confiscados sus bienes y sentenciados unos a muerte y otros a pagar presidio y otro tipo de penas, como ya lo hemos dicho se cumplieron el día 22 de noviembre de 1802, a los 2 años de la revuelta comunera de Túquerres, Guaitarilla, Sapuyes, Imues, Chaitan. Esto se cumpliría en Pasto, tanto el presidio inicial de estos años, como la los castigos y penas según la sentencia de la Real Audiencia de Quito y delante de los caciques principales de los pueblos comuneros, para que sirva de escarmiento público.

Se señaló el 22 de noviembre para la ejecución de los suplicios y quién fue el verdugo, fue uno de los comuneros Marcelo Ramírez, a quien se le conmutó la pena de azotes y de presidio en Chagres, para que se convierta en el victimario de sus compañeros comuneros y comuneras con los que había transitado muchos meses de sufrimiento y cárcel en Pasto.

Se señaló el 22 de noviembre para la ejecución de los suplicios que comenzarían a las 9:00 del día y se dispuso preparar tunica, cordeles y caballos y se asignó a la Cumbal para el barrido la iglesia de Yacuanquer cuando el cabildo obedeciese la sentencia. Se ordenó al alguacil Apraez que la ejecutará y entregarán los miembros de los ajusticiados al cacique de turno. Se prohibió la entrada a la Plaza Mayor en Pasto, donde debía ejecutarse el suplicio el de las 9:00 del día, salvo que algún sacerdote dirigiste alguna plática.

En la mitad de la plaza se ató a los 2 reos a la cola de los caballos que los arrastraron precedidos del pregonero diciendo que se hacía justicia del rey y por la insurrección y demás delitos que se enumeraban y terminaba diciendo, qué tal hace que tal pague, qué tal hace que tal pague.

En una caja se depositaron los restos de los cadáveres que debían fijarse en algunos lugares y los demás se entregaron a los hermanos de la caridad. Se azotó a los condenados a esa pena en las esquinas de las calles, acompañados de las condenadas a vergüenza pública. Sólo se presentaron 7 u 8 cacique las 11:00 de la mañana del día 22de noviembre de 1802 todo había terminado.

El 23 de noviembre o sea al día siguiente se señaló a las mujeres como lugar de destierro a Yacuanquer, menos a Josefa Bolaños la comunera que era pastusa, ella debía cumplir su destierro y su castigo en casa de doña Leonor Bravo. A los indios de Túquerres se aumentó el tributo en 2 pesos más para el pago de los perjuicios por su insurrección.

Ante la insurrección indígena y la conmoción provocada de facto al sistema colonial en 1800, la represión oficial no podía hacerse esperar, la filosofía de la justicia del rey qué tal hace que tal pagué tenía que hacerse sentir con todo su rigor, pero la elección de los comuneros y comuneras del sur sigue vigente hasta nuestros días.

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