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Túquerres, recordando a SEGUNDO ELIECER BACCA

3 de julio a los 30 años de su vil asesinato

 

Ante las limitaciones de la democracia representativa colombiana y la ineficacia de los mecanismos de participación ciudadana contemplados en distintos diseños institucionales, la movilización social ha terminado por constituirse como un mecanismo expedito a través del cual distintos sectores sociales en el país han buscado llamar la atención del Estado, manifestar su descontento, reivindicar sus derechos y, muchas veces, visibilizar sus plataformas de acción política. Desde este punto de vista, la movilización social puede considerarse como una expresión no institucional que contribuye y enriquece la democracia. Esto lo tenia diamantinamente claro el Dr. SEGUNDO ELIECER BACCA OVIEDO.

En lo que se refiere a los motivos de la movilización —el por qué—, se observa que las razones predominantes han sido: servicios públicos, políticas estatales, corrupción, derechos e incumplimientos.

Por la Hidroeléctrica del Patía y la Refinería de Tumaco

Durante los años 70 y el primer quinquenio de los 80, dos reivindicaciones lograron aunar a distintos sectores sociales, de Túquerres, del departamento y de su vecino Putumayo: la Hidroeléctrica del Patía y la Refinería de Tumaco —donde se trataría el petróleo producido en Putumayo—, dos proyectos de los que se venía hablando desde mediados de los años 60, concebidos como alternativas de desarrollo regional, estratégicas para Nariño, frente a las economías extractivas, el peso de la propiedad terrateniente tradicional y el sentimiento de abandono del Estado central.

Varias movilizaciones multitudinarias realizaron los TUQUERREÑOS y otras poblaciones de Nariño y Putumayo durante los primeros meses del gobierno del presidente Misael Pastrana Borrero, lideradas por la Junta Pro-Refinería y en Tuquerres por el COMITÉ CÍVICO POPULAR, FUNDADO, ORIENTADO Y LIDERADO POR EL DR. BACCA OVIEDO; para presionar la decisión de construir allí la Refinería. Antes de terminar el año de 1970, el Gobierno nacional dictó un decreto que autorizaba la construcción de “la Gran Refinería de Occidente en Tumaco”, pero el contrato para su construcción se firmó a pocos días de finalizar ese cuatrienio.

Y el siguiente gobierno, el del presidente López Michelsen, suspendió la obra aduciendo que la producción real de petróleo en Orito (Putumayo) no llegaba al 50% de lo prospectado inicialmente, cálculos sobre los cuales se había proyectado la refinería de Tumaco, por lo que no se justificaba gastar cuantiosas sumas en esa obra; a cambio de ella, el Gobierno realizaría en Nariño “una gran inversión de contenido social, encaminada a redimir su gente campesina y urbana de los males que le afligen” (López Michelsen citado en García, 2009, p. 352). Pero lo que el presidente ofrecía en reemplazo de la refinería había sido proyectado como obras complementarias de la construcción del complejo petrolero.

Razón de más para que se produjera una nueva oleada de protestas en favor de la refinería, que incluyó dos paros de cobertura departamental, uno en Nariño y otro en la intendencia de Putumayo. La Junta Central Pro-refinería de Tumaco convocó a las movilizaciones “en contra del ultraje a la dignidad de los pueblos del sur” (García, 2009, p. 353). Un total de once protestas se llevaron a cabo en Tumaco, Pasto, Ipiales, Túquerres y La Unión, entre 1970 y 1977, para reclamar la refinería. Promueve en 1975, conjuntamente con el gremio de los transportadores de Nariño la lucha cívica contra el alza en el precio de la gasolina y agita nuevamente las banderas pro refinería de Occidente con sede en la ciudad de Tumaco.

Por los servicios público

Estas movilizaciones sociales y en el caso de TÚQUERRES, la organización cívica que se consolidó, surgieron como respuesta al incumplimiento estatal de las expectativas que el mismo Estado había despertado en términos de desarrollo regional, lo que contenía, vías, servicios públicos y sociales, programas de inversión que aumentarían la oferta de bienes y servicios en la región, empleo, bienestar, integración a la nación.

A poco tiempo de haberse posesionado, Julio César Turbay Ayala anunció a los nariñenses que, a cambio de la refinería, construiría la carretera Pasto -Tumaco, promesa que pretendía satisfacer la demanda —que también se había hecho a través de movilizaciones sociales—de integración intrarregional y del departamento con el país, mediante la construcción de vías.

Así mismo, LOS MOVIMIENTOS CÍVICOS, EN ESPECIAL EL DE TÚQUERRES, SIEMPRE BAJO LA ÉGIDA DEL DR. SEGUNDO ELIECER BACCA, fueron los abanderados, a lo largo de la década de los 70 y sobre todo en la de los 80, de las exigencias hechas al gobierno departamental para que se mejorara la prestación de los servicios públicos, ante la escasez y mala calidad del agua provista por Emponar, las altas tarifas de energía y la deficiente prestación del servicio, a cargo de Cedenar. La importancia de estas luchas por servicios públicos reside en que, en el imaginario del desarrollo de aquel entonces, particularmente la energía eléctrica era considerada como un elemento esencial de la vida moderna, porque contribuía a mejorar los estándares de vida de la población y era factor decisivo como medio de producción.

Enardecidos por el aumento del 400 por ciento en las tarifas de energía eléctrica, los habitantes de Túquerres, Nariño, protagonizaron un agresivo paro en que las gentes se tomaron las instalaciones del municipio, les hicieron frente a los refuerzos militares enviados desde Pasto, obtuvieron la libertad de todos los detenidos en el movimiento y obligaron a que Centrales Eléctricas de Nariño, Cedenar, entraran a negociar con el Comité Cívico.

A partir del 12 de febrero 1988 quedaron bloqueadas todas las vías que conducen a la localidad y las actividades comerciales fueron suspendidas. El día siguiente, al término de una concurridísima concentración, la Fuerza Disponible arremetió contra la ciudadanía, lo que produjo violentos enfrentamientos que obligaron a los uniformados a buscar refugio en el cuartel de la policía. Piquetes de la tropa emboscaron a varios compañeros en el sitio El Pedregal, sobre la carretera Panamericana, los golpearon de manera salvaje y los llevaron presos a la capital del departamento. Entre los arrestados figuraban Segundo Eliécer Bacca, dirigente local del MOIR y cabeza visible del movimiento, Pablo Portilla, Arturo Cortez, conductores de los camiones que transportaban a los miembros del comité, Medardo Revelo, profesor del colegio, el estudiante Armando López y el comandante del Cuerpo de Bomberos.

Mientras tanto, nuevos combates se llevaban a cabo en Túquerres. Las masas rodearon el cuartel y consiguieron poner en libertad a ocho personas. Los cuatro dirigentes detenidos en Pasto también quedaron libres.

Segundo Eliecer Bacca

El DR SEGUNDO ELIECER BACCA fue un hombre convencido de que la unidad sólo es posible desde el respeto a la diversidad, un socialista convencido y convincente, un dirigente querido y respetado. Honraremos siempre su memoria. Nunca le olvidaremos. En memoria del amigo, maestro, demócrata, socialista de cabeza a pies. Referente de generaciones sinceras de demócratas que vimos en él un ejemplo de honestidad y coherencia. Los principios no son sólo para tenerlos, son para vivirlos y practicarlos. Una vida entera dedicada a servir a su pueblo, grandes avances sociales llevan su firma. Gracias, Dr SEGUNDO ELIECER. Todos, estaremos siempre en deuda contigo. Fue Él un convencido defensor de la democracia, los derechos humanos, la justicia social, la lucha contra la pobreza. Tuvimos el privilegio de conocer a SEGUNDO ELIECER de cerca, de compartir con él y con miles de Tuquerreños, sus anhelos y esperanzas de transformar a Túquerres, y de traerla desde el permanente olvido a que la ha sometido el centralismo, a encarar los retos del fin de siglo. La vida nos otorgó la oportunidad de coincidir con él en las tareas de cambio pacífico y democrático. Por eso podemos hoy resaltar el alcance y la relevancia de sus ideas no solo sobre Tuquerres sino sobre Nariño y Colombia entera. Podemos señalar con claridad cómo su pensamiento converge con la vigorosa y creciente agenda que los pueblos de Nariño se han ido dando en los procesos  frente a los peligros que acechan a nuestras democracias como el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, la pobreza extrema y el incremento del crimen por la presencia de poderosas organizaciones criminales; sino por haberse convertido en un símbolo en virtud del carácter contestatario de su presencia en la vida pública; por el coraje con el que enfrentó los carteles de la politiquería local; por el mensaje renovador de las costumbres políticas; por su sentido de modernidad para practicar la política a través de los medios de comunicación; por la caracterización de lemas que recogían todo su mensaje; por su indeclinable lucha contra la corrupción; por esa imagen de rebelde y de inconforme  y que muchos Tuquerreños recuerdan. Él fue tal vez el único de nuestros dirigentes que señaló como la principal amenaza a nuestra sociedad la constituían las organizaciones criminales, por la vía de la violencia, la intimidación y la corrupción. Por eso pudo anticipar cómo socavarían la estabilidad misma de nuestra democracia y de nuestro estado de derecho. Por eso también fue víctima de la embestida del narcoterrorismo en medio de un comportamiento social de indiferencia no solo frente a las amenazas contra su vida, sino frente a los mismos atentados que se perpetraron cobardemente contra él.  Le gustaba la controversia democrática y fue un extraordinario polemista en el recinto del concejo, en recintos cerrados o en las plazas públicas de Tuquerres. Hoy todos sabemos que tenía razón. Que más allá de su muerte y la destrucción vendrían muchos otros padecimientos para este pueblo. Tuvimos que pagar con su muerte nuestras flaquezas, pero también reaccionamos con vigor y fue mucho lo que giramos contra el enorme patrimonio moral que él nos legó. Tuvimos éxitos y fracasos, pero pudimos avanzar mucho en la empresa de renovación política con la que él estaba comprometido. De SEGUNDO ELIECER heredamos su mensaje de pluralismo político, de tolerancia, de respeto por la diversidad étnica y cultural, de cambio pacífico, de democracia participativa; su mensaje de descentralización, autonomía regional, y búsqueda de instituciones más sólidas, representativas y eficaces.

Nuevos desafíos

En estos tiempos en que tantos colombianos están apesadumbrados por ese desempleo, porque no existe hoy en Colombia familia alguna que no sienta el rigor de la crisis económica, queremos invitar a todos nuestros dirigentes a pensar con grandeza, a erguirse frente la adversidad, a encontrar en el camino de las reformas políticas y económicas y sociales la respuesta a los problemas de violencia, la respuesta a las dificultades de nuestra economía. Por supuesto que tiene que haber espacio para la controversia democrática, para la crítica y la fiscalización. Pero también hay que propiciarlo para el consenso, la creatividad y para la construcción de unas instituciones políticas más fuertes e instituciones económicas más eficientes y más justas. Los Tuquerreños, si queremos ser fieles a la memoria de SEGUNDO ELIECER, tenemos que encontrar en el cambio pacífico, institucional y democrático la respuesta a nuestras tribulaciones. No es mirando atrás, con nostalgia, ni dejándonos anonadar por los hechos del presente, como construiremos un Nuevo TÚQUERRES.

Es cierto que hoy los TUQUERREÑOS tenemos nuevos desafíos. Pero SEGUNDO ELIECER nos trazó un norte. Si somos fieles a él, si seguimos inspirados en sus ideas, si nos alimentamos de su optimismo y de su fe en nuestras capacidades, si seguimos las lecciones de su coraje vamos a llevar nuestro pueblo a buen puerto y a nuestros hijos a una patria chica en la que prevalezca el respeto a los derechos de todos. En fin, una patria más justa, más segura, más próspera o más democrática

 

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