OPINIÓN

Salvemos a la Policía

Alison fue capturada por dos policías del GOES (Grupo de Operaciones Especiales) en la noche del 12 de mayo, en Popayán. Era una niña pequeña, vestida de sudadera, estaba acurrucada en un andén. Para los hombres del GOES, era sospechosa, estaba grabando con su celular, la arrastraron, Alison pataleaba, llegaron más policías, ella gritaba que no estaba haciendo nada.

En el forcejeo Alison pierde su tapabocas, cae su pantalón: “me estás desnudando, imbécil” grita Alison. Cuatro agentes del GOES levantaron a la niña hacia la URI. Alison gritaba: “solo estaba grabando, me bajaron el pantalón y me manosearon…”, luego de varias horas la entregaron a su abuela, pero al día siguiente, la abuela encontró muerta a Alison en su casa. El comandante de la policía salió a defender a la institución y la Fiscalía se lavó las manos, con una constancia diciendo que Alison estaba loca. Alison era menor de edad y su padre es un policía.

La Policía tiene una historia traumática, como la historia del país. Fue creada en 1891, para fortalecer un Estado conservador centralizado. En sus orígenes fue una fuerza adscrita al Ministerio de Gobierno y dependiente de los gobernadores, entonces la Policía se dividió en dos, la Policía liberal y la conservadora, según la ideología del gobernador.

El 9 de abril de 1948 pasó a hacer parte del Ministerio de Guerra, desde entonces la Policía se transformó en una fuerza armada de combate, con entrenamiento, armamento y discurso militar, en contra del enemigo interno, de cualquiera que cometa el error de estar en contra del Estado.   

Extrañamente, el artículo 218 de la Constitución colombiana tiene un artículo muy bonito, dice que la Policía Nacional es un cuerpo de naturaleza civil, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar la paz.

De igual manera, el Código de Policía también define que el objeto del accionar policivo es de carácter preventivo, para establecer las condiciones de convivencia, el cumplimiento de los deberes de las personas, el respeto, la dignidad, la conciliación, la solución pacífica de los desacuerdos y garantizar el debido proceso.

Los policías son en su gran mayoría, provienen de familias pobres, con aspiraciones de ser profesionales y servir a la comunidad, pero en el proceso de ingreso y preparación, esos ideales se van perdiendo en la maleza de la guerra, en una institución que se ha ido deteriorando, por culpa de una política de represión Estatal.

Una de las grandes metas del paro nacional, debe ser la de salvar a la policía de continuar en la barbarie, para que verdaderamente se convierta en la institución civil que consagra la constitución, para que vuelva a hacer parte del ministerio del interior, para que se haga una purga a fondo, para que su formación sea de alto nivel basada en los derechos humanos, con la orientación y seguimiento de la Defensoría del Pueblo y la ESAP, para que trabaje sin armas y para que definitivamente se acabe con el ESMAD. Solo así será una institución noble como la necesita el pueblo, encargada de promover la convivencia.

Los autores ideológicos de la violencia son los gamonales del poder, los responsables de la pobreza del pueblo y de usar a la policía como perros de presa para defender sus privilegios y en contra del pueblo que se queja o se rebela.

El pueblo ha perdido la confianza en la Policía, la Policía ha perdido la dignidad frente al pueblo. El que puso Uribe le ha hecho un gravísimo daño a la sociedad. Es urgente rescatar a la policía para que recupere su dignidad y su verdadera misión de servir al pueblo.

LUIS CABRERA

Mayo 21-2021

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