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OPINIÓN | LA PRINCESA DEL VOLCÁN

A las faldas del volcán Azufral, yacía el Reino de la familia Aytara, la hija mayor de los reyes, la princesa Salena, era una joven brillante, soñadora y apasionada por la vida.

Pese al frío de la región, donde cuando asomaba tímidamente el sol, las nubes corrían apresuradas a cubrirlo y ni uno de sus rayitos lograba pasar; resoplaban los vientos y la princesa Salena disfrutaba cuando este jugaba con sus cabellos; el aire que respiraba era refrescante y enrojecía su nariz.

Cada día, corría desenfrenada por el sendero del bosque, su destino favorito era la Laguna Verde, misteriosa y encantada.

Un día, mientras ella la observaba, vio que una hermosa ave atravesaba por encima de las espesas aguas y antes de llegar a la orilla, la laguna la absorbió congelando sus alas. De un momento a otro las nubes que en todo su esplendor eran de múltiples colores, entre verdes, azules e incluso hasta rosa, se tornaron grises y negras; el mal se dibujó en el cielo.

No pudo evitar llorar, tuvo angustia y un mal presagio presintió; entonces regresó apresurada al castillo, pero el camino de vuelta se le hizo más largo que de costumbre y hasta se veía tenebroso, las sombras de los árboles parecían tener vida, el viento silbaba más agudamente y escuchaba diferentes ruidos muy extraños; cuando por fin llegó agitada y congelada de frío, sus padres la esperaban en la entrada preocupados para decirle que acababan de recibir un edicto del rey nacional y que no podía volver a salir porque una maligna plaga estaba recorriendo el mundo, arrasando con la vida de muchas personas.

Pronto el miedo se apoderó de cada habitante y de repente, todos se vieron encerrados en sus propias casas.

Triste y agobiada la princesa poco salía de su aposento y una noche, una luz rara entró por su ventana, ella se asomó y vio en el cielo la luna llena más grande de lo normal y de color rosado y sintió en su corazón que debía ir a la laguna, así que muy cautelosa, escapó sigilosamente.

Cuando llegó al lugar, vio como la luz de la luna se reflejaba de manera singular sobre la laguna y le sobrevino un encantamiento, se acercó y tocó las aguas y de pronto, una fuerza externa se apoderó de ella al tiempo que escuchaba una potente voz que le dijo: “no tengas miedo, este mal es temporal, la tierra ha estado sufriendo profundamente y es ahora cuando los cielos y las aguas se despejarán, los animales descansarán y la tierra sanará.

Los hombres se harán más humildes, volverán a dar gracias por lo que tienen, las familias se unirán otra vez y le darán valor solo a lo esencial.

Ahora, eres nombrada la Princesa del volcán y tu misión es ser su guardiana.

Cuando todo este mal pase, llevarás luz donde vayas y mostrarás al mundo, la fantasía de esta región”.

En ese momento, los ojos de la princesa brillaron de manera deslumbrante, era como si en ellos se reflejara la luna.

Cuando la princesa despertó del trance, ya estaba en su cama, así que se levantó afanada, se sentía muy sorprendida y anonadada, tomó nota de lo que vio y escuchó, repasando en su mente cada detalle, una y otra vez sin salir de su asombro; notó que tenía una habilidad superior en su mente para ver todo más claro y con gran proporción, además de una extraña agilidad en sus manos para plasmarlo todo.

Volvió a la laguna en el día y era como si estuviera en otra dimensión, había magia en todo el lugar, el agua desplegaba visos verdosos casi cristalinos, las faldas del volcán eran suaves como terciopelo, las nubes estaban formadas en un abanico de colores, notó un extraño color en las piedras de al alrededor, eran como brillos que la llamaban a tocarlas, no era oro, ni plata, ni cobre, era un metal precioso jamás antes visto y al tomarlas resplandecían de manera atrayente. Así que, a su regreso, tomó varias de ellas y empezó a diseñar piezas de joyería únicas y exageradamente resplandecientes.

Los días siguientes se dispuso a diseñar un plan de trabajo para todos los habitantes y se alegró porque entendió que no volvería a haber pobreza en ese lugar, los turistas llegarían como nunca antes, ansiosos y atraídos por la fantasía y encanto de esa exótica región y mientras pasaba el tiempo de cuarentena, se resguardó en la fortaleza del castillo.

Así el mal temporal, se convertiría en una gran puerta de bendición para toda la comunidad del volcán y la princesa Salena estaría lista para cumplir su poderoso legado.

Por:

María Victoria Bonilla Ruano / Una Escritora Libre Directora Fundación Mujeres Empresarias Unidas
Colombia / Ipiales

Cuento ganador en «Cuentos de cuarentena» en 2020.

Créditos Imagen: Sonia Janeth López Hidalgo, Artista Ipialeña

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