OPINIÓN

Litros de sangre

Cuando en Colombia se dio a conocer la existencia de un proceso de paz entre la insurgencia de las FARC-EP y el Estado colombiano, las principales expresiones del movimiento por la paz no tardaron en manifestarse en favor de dichos diálogos, albergando la esperanza que la llegada de un escenario de salida política al conflicto armado, abra las compuertas para la construcción de la democracia y la instauración de la justicia social.

A casi 9 años del anuncio de los diálogos y algo más de 4 de haberse firmado el acuerdo final para la terminación del conflicto, el momento actual de la paz mantiene un ambiente de desasosiego, principalmente por dos situaciones, la primera por la inexistencia de un compromiso real del actual gobierno por dar cumplimiento a la implementación de lo pactado, y segundo debido a lo que se ha venido conociendo sobre el desarrollo del conflicto armado. Este escandaloso entorno demuestra que este país no puede volverse mezquino con la paz y que es necesario abrazar la verdad para conducirnos a la reconciliación.

Entender la verdad como el camino para superar las heridas dejadas por la confrontación, es un pilar en el que debemos unirnos los colombianos, máxime cuando ha existido un ataque permanente y de subestimación absoluta de la extrema derecha a la labor que se adelanta en la Jurisdicción Especial para la Paz. Colombia es un país al que se le debe explicar cómo en el marco de la fratricida confrontación se perpetraron más de 6.000 ejecuciones extrajudiciales, sin embargo la respuesta frente a este dato arrojado por la JEP, ha sido de calificar como un informe mentiroso, calumniador y exagerado, esta respuesta solo demuestra el nivel de naturalidad con el que se asume la muerte y se trata de desconocer la responsabilidad estatal. La existencia de una sola ejecución extrajudicial es razón suficiente para reclamar justicia, es inverosímil escuchar que se hable de exageraciones contrario a asumir las responsabilidades que corresponden.

De ahí la importancia de que la JEP mantenga su rumbo hacia el esclarecimiento de los hechos cometidos en la guerra, y que los llamados a dejar testimonio tengan todas las garantías para hablar con veracidad. Y es que esta etapa testimonial nos revela como una época oscura se teñía de sangre en los campos del país, mientras en la prensa militares eran exhibidos como héroes de la patria y no revelando que estábamos ante un Estado criminal que usaba población vulnerable para mostrar resultados de guerra “positivos”.

En uno de los testimonios se deja conocer la actitud criminal de las fuerzas armadas, el coronel Gabriel Rincón así daba a conocer su testimonio ante la JEP sobre las instrucciones dadas por el general Mario Montoya:

“A mí no me vayan a reportar heridos, yo lo que necesito son muertos en combate y litros de sangre”

El coronel menciona en su testimonio que esa era la manera en cómo eran medidas las operaciones militares de las unidades en terreno.

En otro aparte de sus declaraciones da a conocer lo siguiente:

“no podían pasar más de 30 días sin que una unidad pudiera dar resultado. No podían pasar. Si usted reportaba mas de 30 días un batallón sin dar resultados, a ese comandante lo daban de baja”.

Esta parte testimonial deja al descubierto que nos encontrábamos en una época en donde la entrega de reportes con muertos, condujo a la construcción de una práctica sistemática de muerte que hoy se la quiere ocultar, en la que se pretende ridiculizar los datos, pero ante todo se pretende evadir la responsabilidad dejando en impunidad y sin acceso a justicia a todas aquellas víctimas de la siniestra práctica de las ejecuciones extrajudiciales.

Y es que decir que estos datos son un invento de la JEP para mancillar el nombre del comandante en jefe de las fuerzas militares de la época, es ridículo, pues estos datos son arrojados después de una ardua investigación en la que suman:

  • Informes del centro nacional de memoria histórica.
  • 325 entrevistas a personas vinculadas a los hechos.
  • Informes de la fiscalía.
  • Y pronunciamientos de 285 organizaciones de DD-HH.

En total hasta el momento han sido más de 1.750 militares los que perpetraron estos asesinatos, así que no se puede hablar de la no existencia de sistematicidad en las ejecuciones y que es un deber de quienes poseen la verdad relatar cómo funcionó el episodio más macabro e indolente de la guerra.

Hoy Colombia tiene más de 6.000 razones para defender la paz y negarse rotundamente a que quienes instigaron la guerra y a quiénes la vociferan desde el congreso, a quienes quieran mantener con un velo el rostro de la muerte que llevaron a miles de hogares colombianos.

Fernando Enríquez / Nació en Ipiales, Nariño. Activista político, destacado en el departamento por sus vínculos en diversas organizaciones sociales, políticas, agrarias y como gestor de paz.

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