OPINIÓN

La violencia, el presupuesto y la chaza

El departamento de Nariño se ha convertido en un campo de batalla, grupos ilegales de diferentes tendencias, en un contexto de narcotráfico y delincuencia, se disputan el control de cultivos, laboratorios, el mercado y las rutas del narcotráfico. Una tragedia con cifras enormes de homicidios, masacres. reclutamiento forzado de menores, desplazamiento masivo, poblaciones en confinamiento, víctimas de artefactos explosivos, violencia sexual, fosas comunes, todo en preocupante crecimiento. En medio del enfrentamiento, la población civil sufre todas las consecuencias, sin atención real de las autoridades, con total indiferencia a las alertas tempranas que hace mucho tiempo viene haciendo la Defensoría del Pueblo.

Las estadísticas dicen que Nariño contabiliza en este mes la octava masacre y la 73 en todo el país en el año 2021, Nariño ocupa el cuarto lugar después del Valle, Antioquia y Cauca; y es el segundo departamento con más áreas sembradas de coca con cerca de 50.000 hectáreas y la mitad se encuentra en Tumaco.

En la costa nariñense se libra una disputa milímetro a milímetro del territorio, en un mapa de fronteras invisibles que se han repartido más de 14 grupos armados ilegales, con terribles consecuencias para los pobladores nativos, que además de padecer un 90% de necesidades insatisfechas, ahora sufren la guerra, con especial afectación a los menores de edad, quienes, ante la falta de oportunidades legales, ven a estos ejércitos como una opción. En estos momentos de agudización del conflicto, los ejércitos buscan personal cada vez más joven, ya se conocen comandantes de frentes de 17 años.

Paradójicamente, con cerca de 10.000 uniformados de todas las especialidades en la zona, no existe Estado, se ha perdido la soberanía, el Estado no tiene el monopolio de las armas, no se cumple la ley y la autoridad ha perdido el control. Como cosa curiosa en esta guerra, no se conoce de ningún enfrentamiento de las fuerzas armadas con estos grupos.

Desafortunadamente, en esta crisis vivimos bajo el gobierno del Centro Democrático, para el cual el departamento de Nariño no es importante, el que puso Uribe está ocupado en otras prioridades, viajar y las elecciones del 2022. Igual, los congresistas no se preocupan, están en campaña, la violencia en Nariño no consigue votos, prefieren hablar del IVA, de la pavimentación de la carretera, los polideportivos, o la chaza.

Pero la indolencia no solo reina en la capital del país, aquí mismo nuestros congresistas, en lugar de dolerse de la violencia o reclamar por un presupuesto a la altura de las necesidades del departamento, como buenos políticos siguen pidiendo puestos, carguitos que les cierra la boca para reclamar por los derechos de sus electores.

Veamos un ejemplo, en estos días se ha hecho una enorme publicidad en Ipiales a la visita de la doctora Lina María Barrera Rueda, magister de la Sergio Arboleda, ex representante a la Cámara por el Partido Conservador, ahora en cargo del viceministerio del deporte, con el fin de conocer el juego de la chaza y apoyar la construcción de un chazódromo en Ipiales. Por pura coincidencia, vendrá acompañada de la representante a la Cámara por el Partido Conservador, Liliana Benavides, en la actualidad aspirante al senado por la misma tolda política. Además, otra coincidencia, estará presente el actual diputado y aspirante a la Cámara por el mismo Partido Conservador, Juan Daniel Peñuela. Estos personajes, como cosa rara, se han convertido en promotores de la chaza en el departamento. ¿Qué dirá la procuraduría?, ¿será participación en política de la funcionaria?, no lo dude, pero la procuraduría no dirá nada porque son de la misma rosca.

Un deporte tan noble, con tanta tradición y arraigo en esta región, no puede ser manoseado por la politiquería, peor con el partido conservador, el partido retrogrado, como fue su primer nombre histórico, cómplice del actual gobierno. El pretexto de la construcción de un chazódromo no puede justificar vender la conciencia de la gente digna de esta práctica deportiva.

Si el partido conservador y los demás congresistas de Nariño, quieren hacer algo por el departamento, deberían enfocarse en reclamar ante el gobierno nacional la mínima garantía constitucional de la vida en este territorio y los aportes presupuestales para invertir en obras sociales para los sectores más golpeados por la violencia, pero claro, es más fácil y práctico, buscar voticos con promesas de un chazódromo.

Lo peor es que les votamos.

LUIS CABRERA

Octubre 4 de 2021

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