HOYOPINIÓN

La catástrofe social

El DANE en sus diferentes boletines ha confirmado el crecimiento del desempleo, de los despidos, de los negocios quebrados y del miedo, con especial afectación a los jóvenes y mujeres que son los sectores más golpeados. Mientras el desempleo general llega al 20 %, para los jóvenes pasa del 25 %, se perdió uno de cada cinco empleos y para las mujeres la estadística es mayor, una de cada tres, la tercera parte de las mujeres se quedaron en la calle. Es la perversidad de la pandemia, profundiza todas las inequidades.

En el último informe del DANE, sobre la confianza en los hogares colombianos, se evidencia la pérdida de esperanzas, las familias renunciaron a las vacaciones, a comprar ropa, alimentos, electrodomésticos y vehículos. Muchos adultos han regresado a vivir a la casa de sus padres. Preocupa también la grave deserción escolar que se estima en un 10 %. El dato más penoso se refiere a que cerca de un millón y medio de personas que a comienzos de año tomaba tres comidas al día, en septiembre solo pueden hacerlo dos veces, y de 120.000 personas que ahora solo toman una comida al día.

Al parecer la única entidad que ha crecido económicamente, son los bancos, con la ayuda del gobierno y con dineros públicos.

En Colombia existían tres programas de subsidios: Familias en Acción para 2,6 millones de hogares, Colombia Mayor para 1,7 millones de adultos y Jóvenes en Acción para 204.000 estudiantes. En medio de la emergencia aparecieron tres millones de personas más, que no estaban adscritas a esos tres programas. Para estos tres millones, el Gobierno creó el Programa Ingreso Solidario, con un subsidio de $160.000 pesos mensuales, que el gobierno jura que ha entregado, mientras la gente reclama que no le ha llegado ni el primer aporte.

Colombia descubre sus vergüenzas con un 40% de población en la pobreza y un 20% en la miseria, según cifras oficiales, ósea que es la tragedia es mucho mayor.

Y como los males no vienen solos, la pandemia se juntó con el verano y las heladas, lo que ha llevado a visibilizar más el desamparo del campo. Las más de 110.000 familias campesinas nunca dejaron de trabajar, en su aislamiento ancestral siguieron cultivando la tierra, pero la oferta de 2,5 millones de toneladas, se estrelló con la caída de demanda en más del 30%. La pérdida supera los $30.000 millones. Un drama que el gobierno nacional en su infinita sabiduría, soluciona con la importación de papa extranjera. 

Esta crisis debe llevar a todos los sectores sociales a organizarse para proponer y reclamar soluciones de fondo, están bien las ayudas temporales, para sobrevivir, pero ya es hora de trazar una ruta de desarrollo para salir de la pobreza y de los riesgos de muerte que conlleva. A la larga, la limosna perpetúa la miseria.

El rescate y el apoyo debe ser para los pobres, no para los bancos.

Colombia es la gran despensa agrícola de América, todavía exporta más alimentos de los que importa, y puede mejorar si enfrenta los vacíos y las desigualdades. Las recomendaciones para el campo son conocidas, pero no hay gobierno que entienda y que cumpla. Para nuestros gobernantes la tierra es la hacienda para pasar vacaciones, para montar a caballo y hacer asados.

Hay que fortalecer el campo, promoviendo la diversidad de cultivos, apoyando los procesos de valor agregado, con tecnificación, con planes para que se beneficie el productor no los intermediarios, con apoyo financiero adecuado, con infraestructura rural, rechazo a las importaciones, etc.

La tragedia es grande, la pobreza está en crecimiento, los alcaldes no pueden continuar con planes de desarrollo a la antigua, con remodelación de parques y parcheo de calles, en este momento, todos los recursos disponibles deben enfocarse en proyectos productivos para los menos favorecidos, en especial para las mujeres y jóvenes, con mucho cuidado en los escolares, y con toda la atención al sector productivo de los alimentos.

De la inversión social que se haga hoy, dependerá el futuro de los niños, jóvenes y familias, o en poco tiempo veremos crecer el hambre y la delincuencia.

LUIS CABRERA

Noviembre 6 de 2020  

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