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La crisis en Estados Unidos

Las expresiones principales de la difícil situación que afronta la potencia del norte se muestran en: hasta ahora están perdiendo la lucha contra Covid-19, se generalizan las dificultades que sólo afrontaba la población afroamericana, cae el apoyo a Donald Trump y su Partido Republicano, se volvió hablar de justicia social, se resquebraja el modelo económico porque la emergencia en salud disminuye drásticamente los consumidores.

Y nos hechos o procesos aislados, se relacionan y golpean entre sí. Puede ser que aún no se encuentre la salida, ni se la busque en el cambio de sistema, pero esta realidad que viven los estadounidenses los baja de su prepotencia y los obliga a la reflexión. Hay otros en el mundo que enfrentan con mejores resultados la pandemia.

Salvaría al mundo que en Estados Unidos llegara el tiempo del cambio. No se prende aún el foco que oriente, los impulsores de la Justicia Social, desde las universidades, todavía creen que es principalmente un cambio cultural y no transformaciones económicas lo que se requiere. La acción de cambio se concentra en los símbolos culturales: al lenguaje, las estatuas, los nombres de los edificios, pero debe llegar al fondo, hay que hablar de las desigualdades, derrumbar el gobierno y recuperar el nombre de la democracia. A de pasarse del enfrentamiento con la policía al señalamiento de los usan la policía, del apoliticismo a la decisión de derrotar y cambiar a los políticos.

Movimientos con intenciones políticas y banderas de cambio en la legislación, en la composición del poder político, en la correlación de fuerzas para lograr una redistribución de la riqueza, es lo que se necesita. Por ahora se está en la etapa del resentimiento y esperemos que los nuevos liderazgos puedan pasar a la etapa del replanteamiento.

Donald Trump es el mejor exponente de la decadencia del poder, de la degradación del modelo. Es ahora cuando se puede “hacer frente a la disparidad racial, reformar los departamentos de policía militaristas y abordar una crisis de salud existencial y una depresión económica prolongada…”, dice David Brooks, en una columna de New York Times.

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