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Entrevista con el Profesor Abel Rodríguez Céspedes

Entrevista con el Profesor Abel Rodríguez Céspedes

Por: Sandra Patricia Ordóñez Castro, Magazín Aula Urbana

Magazín Aula Urbana: ¿Qué es y por qué surge el Movimiento Pedagógico Nacional?

Abel Rodríguez Céspedes: El Movimiento Pedagógico Nacional es una respuesta del magisterio, organizado en la Federación Colombiana de Educadores, FECODE, a una serie problemáticas que el gremio venía afrontando, tanto en el plano profesional como en el político, y obviamente en el sindical. En primer lugar, finalizando la década de los 70, el Gobierno Nacional puso en marcha una reforma curricular de la enseñanza básica y media que fue considerada como lesiva de la autonomía de los maestros, pues encasillaba a los educadores en unas estrategias curriculares que no daban margen a sus propias iniciativas en el campo de la enseñanza. El Estado quería asegurarse de que los maestros se ciñeran a los currículos establecidos por el Ministerio de Educación Nacional de una manera inmodificable. Por otra parte, FECODE venía de negociar el Estatuto Docente: por primera vez, la Federación había tenido una participación directa en la expedición de una ley reglamentaria de la carrera docente que, aunque no satisfacía plenamente los reclamos de los maestros en materia laboral y profesional, sí era una conquista muy importante y abrió un campo en el Magisterio, en la misma Federación, para que diferentes grupos de maestros comenzaran a preocuparse por los temas propiamente pedagógicos con un criterio más investigativo, más profesional. Al final, efectivamente surgieron grupos de educadores en diferentes regiones del país preocupados por estos temas, y constituyeron la base de lo que después sería el Movimiento Pedagógico.

MAU: ¿Cómo se entendía al maestro desde este movimiento en con raposición a la propuesta gubernamental?

A.R.C.: Mientras que el Gobierno Nacional comprendía al maestro como un funcionario público ejecutor de sus políticas, el Movimiento Pedagógico veía al maestro, y quería que el maestro se viera como un intelectual, que si bien era un funcionario público, no tenía el carácter  de otros empleados: desempeñaba una profesión cuyo ejercicio debía gozar de una importante autonomía.

MAU: ¿Qué expresión habría de cobrar esta autonomía?

A.R.C.: La libertad de enseñanza, la libertad de cátedra, las libertades de método, las posibilidades del maestro de echar mano del saber pedagógico existente, y de su propia experiencia, para construir procesos pedagógicos.

MAU: ¿Cómo se perfiló el movimiento en la vida nacional?

A.R.C.: Como un ejercicio con un fuerte contenido cultural, que era lo que permitía a los maestros pensar en una actividad pedagógica muy ligada a las condiciones, a las necesidades y a los problemas del país y del pueblo colombiano.

MAU: ¿Qué principios se desprendían de ello?

A.R.C.: La necesidad de que el maestro se identificara no solamente como un trabajador de la educación, sino como un académico y, al mismo tiempo, como un ciudadano con derechos políticos, llamado a participar en la vida política del país.

MAU: ¿Cómo se veía en ese momento desde el Movimiento la relación entre saber y poder?

A.R.C.: Esa no fue una discusión de los inicios del Movimiento. Apareció luego, después del Primer Congreso Pedagógico Nacional, en 1987, pero era claro, aunque la palabra nunca apareció en ese momento, que el Movimiento Pedagógico era una forma de empoderar a los maestros política, cultural y académicamente.

MAU: ¿Y con respecto a la educación que se concebía, se pensaba también en empoderar a los estudiantes, de pronto un poco desde la perspectiva de Freire y estas corrientes de la educación popular?

A.R.C.: Sí. Había sectores que querían apoyarse fundamentalmente en la pedagogía crítica, en el pensamiento de pedagogos como Freire, que era más de izquierda. Pero había otros grupos que pensaban la pedagogía desde Comenio hasta Freire, es decir, era un pensamiento mucho más abarcador, mucho más, yo diría, democrático.

MAU: ¿Hoy, 30 años después, está vigente el Movimiento Pedagógico Nacional?

A.R.C.: Hay quienes dicen que el Movimiento Pedagógico todavía existe. Yo creo que tal como se inició y se desarrolló, ha venido desapareciendo gradualmente. Obviamente, hay un movimiento pedagógico en el país, expresión del compromiso de los maestros con la enseñanza, con la educación, pero esa movilización que nació en 1982, con una base social importantísima y que era una realidad que funcionaba, actuaba y producía, que hacía cosas, yo creo que eso ha decaído muy fuertemente en los últimos años.

MAU: ¿A qué podríamos atribuir esa decadencia?

A.R.C.: Hay algo en lo que he insistido en los balances sobre el Movimiento Pedagógico, y es que toda esta violencia que se desató contra los maestros a partir precisamente del Congreso Pedagógico, fue determinante. Nosotros salimos del Congreso y a los dos días mataron al Presidente del Sindicato de Educadores de Antioquia, uno de los sindicatos más poderosos de FECODE, desde ahí se desató una violencia muy fuerte contra los maestros. El daño que la violencia, la amenaza, los asesinatos y las desapariciones de maestros, le han causado al Movimiento Pedagógico es grande, porque si un movimiento como estos, que es muy del plano de las ideas, del plano de la práctica int elect ual, se da sin libertad, coaccionado, pues es muy difícil que se desarrolle.

MAU: ¿Y de dónde provenía esta violencia?

A.R.C.: Bueno… cuando comenzaron a aparecer en el país los llamados paramilitares, que en principio dirigían su accionar contra los secuestradores y toda esa problemática del narcotráfico; los maestros eran un obstáculo en muchas regiones del país para el desarrollo de esas actividades criminales, porque tenían una capacidad de movilizar a la comunidad; podían hacerle entender, comenzando obviamente por los niños y los jóvenes, los males que el país estaba sufriendo como consecuencia de la guerra y de la corrupción en la sociedad. Esa violencia ha sido un factor  muy fuerte en el debilitamiento del movimiento de maestros. Le ha exigido a FECODE y a los sindicatos una dedicación mucho más fuerte para atender los problemas de esta persecución, y eso ha hecho que se pierda terreno en el propósito de impulsar el Movimiento Pedagógico; a esto hay que agregarle el predominio en FECODE de unas políticas que lo han asumido como algo puramente político.

MAU: ¿Podría decirse entonces que, después de haberse erigido como un actor social con incidencia en las comunidades, que hacía pensar a la gente con respecto a la realidad social, el maestro se llenó de temor por toda esta situación y se fue replegando otra vez hacia lo estrictamente académico-curricular?

A.R.C.: Sí. Es un hecho. Estas circunstancias nacionales han centrado las preocupaciones del magisterio en los temas de infraestructura del sistema educativo, como los problemas financieros, administrativos o laborales. Mientras, los problemas de la enseñanza como tal, que eran el escenario del Movimiento Pedagógico, han sido desplazados a un segundo lugar. Todo eso termina afectando la calidad de la educación y sus posibilidades de ser mucho más aterrizada en las necesidades nacionales.

MAU: ¿Qué piensa entonces respecto a los nuevos debates que se dan en torno a la calidad, que ya no tienen que ver mucho con esta concepción educativa del movimiento, sino que hablan más de los estándares internacionales?

A.R.C.: Todo este decaimiento de las ideas pedagógicas hace que triunfen estas ideas donde la educación es fundamentalmente un problema de estándares, un problema de resultados y no un problema cultural.

MAU: ¿Cuál es entonces su balance del proceso después de 30 años de historia?

A.R.C.: Bueno, creo que lo más importante que le ha sucedido al movimiento organizado de los maestros colombianos ha sido el Movimiento Pedagógico, y lo que dejó es todavía un gran aporte de los educadores al desarrollo educativo del país; permitió una serie de hechos que están ahí, en la institucionalidad; por ejemplo, en Bogotá está el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico… en el mismo Ministerio de Educación Nacional hay cosas importantes que fueron  tomadas del Movimiento Pedagógico, pero además está todo lo que hay entre los maestros: las redes pedagógicas, los encuentros, el debate, todo eso una herencia de este proceso.

MAU: Entonces, ¿cuáles son las proyecciones que usted vislumbra para la heredad del movimiento?

A.R.C.: Creo que estos movimientos tienen una vigencia histórica: nacen, se desarrollan y se vuelven una realidad, pero también pasan. Es muy difícil mantenerlos indefinidamente; siempre habrá una producción pedagógica. Cómo se canaliza esa producción intelectual de los maestros, esa reflexión que hacen sobre su propio trabajo, sobre su oficio, es algo dinámico: permanentemente aparecen formas nuevas. Hoy día, independientemente de FECODE, suceden muchas cosas que son propias de una actividad pedagógica muy fértil en el país. Las redes, por ejemplo, la Expedición Pedagógica, es decir, el movimiento existe bajo otras formas organizativas, bajo otros liderazgos; la existencia de un movimiento pedagógico de los maestros colombianos ya es un hecho social del país. Se expresa a través de diferentes formas, y es diferente a eso que se llamó Movimiento Pedagógico y que nació en 1982.

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