OPINIÓN

El Trumo-Uribismo

En los últimos días se han presentado numerosos acontecimientos políticos contradictorios en el continente. Por una parte, la grotesca campaña electoral de Trump, haciendo pataleta como mal perdedor. En el Perú se vota la moción de censura por incapacidad moral permanente del presidente Martín Vizcarra, una figura jurídica para copiar. En Bolivia, es elegido en primera vuelta con más del 55% de la votación, Luis Alberto Arce, del Movimiento al Socialismo. Finalmente, en Chile es aprobado con el 87%, el plebiscito para cambiar la constitución conservadora, represiva e injusta de Pinochet, y volver a los proyectos sociales que hace casi 50 años propuso Allende.

En este panorama, es visible que las ideologías se vuelven borrosas, algunas veces son simplemente decorativas, muchos personajes cambian de partido como camisetas, sin mayor conocimiento ni compromiso con un ideario. Frente a esta situación me atrevo a proponer una nueva clasificación de los políticos en dos bandos, uno, el de los que procuran respetar la democracia y las instituciones y otro, el de los que están convencidos que llegan al poder por designio divino para hacer su real voluntad, por encima de la ley y las instituciones.

Los políticos del segundo bando, a los que llamaré Trump-Uribistas, tienen como principal estrategia la demagogia del miedo, en contravía del sentido común y la certeza de las ciencias, son negacionistas de lo evidente, se burlan de la pandemia y del cambio climático, se creen reyezuelos a los que la humanidad deben rendirles reverencia.

Para el Trump-Uribismo, la política tiene como único objetivo: administrar el tesoro público para beneficio personal, de la familia y la rosca del partido, el resto es caridad y limosnas para la plebe, los mal llamados subsidios, útiles para la foto con el mercado en el barrio pobre. Para los amigos banqueros el presupuesto nacional y la bancarización del pueblo, para los amigos latifundistas el agro ingreso, para la familia las zonas francas, para los amigos presos una segunda instancia, etc., etc.

Para el Trump-Uribismo, la ley como las mujeres se hicieron para violarlas, son machistas, supremacistas, arribistas, se creen iluminados, pero no descuidan las jugaditas, retuercen las constituciones, espían a la oposición y a los periodistas, se inventan articulitos para reelegirse, acomodan a sus amigos en los puestos de poder para garantizar el archivo de investigaciones, les gusta usar la violencia del Estado para reprimir al pueblo, odian las protestas.

La verdadera participación ciudadana, es la de las roscas, como la participación ciudadana del presidente del congreso colombiano, Alex Char, dueño de centros comerciales, equipos de fútbol, de ministerios, cortes, etc.. Esa es la participación ciudadana que le gusta al Trump-Uribismo.

La corriente ideológica del Trump-uribismo, tiene su propia constitución reglamentada por la ley del embudo, la ley de ruana y en la ley de Murphy, que se traducen en “todo el poder para mí, para los de ruana nada y lo malo que con toda seguridad va a pasar se soluciona con más impuestos”.

El Trump-Uribismo odia al periodismo, al periodismo investigativo, el que vigila a los organismos de poder, el que denuncia e informa los problemas sociales. Al Trump-Uribismo le gustan los medios amigos, los que se dedican a la farándula y el deporte, que aplauden y le toman la foto para la primera página.

A pesar del Trump-Uribismo, existe esperanza, la que ofrecen los movimientos juveniles, las organizaciones femeninas defensoras de la vida, las asociaciones de indígenas y campesinos que cuidan la tierra, son movimientos que buscan un presente y un futuro digno, un mundo menos contaminado, más solidario, menos violento, más creativo, menos corrupto, más tecnológico, artístico y afectuoso. Es el siglo de la juventud, de la mujer y de los soñadores que no aceptan este mundo oscuro de líderes momificados en el pasado.

LUIS CABRERA

Noviembre 13 de 2020  

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