HOYOPINIÓN

EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS DDHH

La declaración universal de los derechos humanos se aprobó un 10 de diciembre de 1948 en París, hace 72 años, en una asamblea de las Naciones Unidas, después de que la humanidad vivió y padeció los peores horrores inimaginables durante de la Segunda Guerra Mundial, en la cual las potencias usaron todo el poder de las armas y las ciencias para invadir, dominar y exterminar pueblos enteros, no solo en combate, sino también en campos de concentración, hornos crematorios y laboratorios de experimentación con hombres, ancianos, mujeres y niños.

La segunda guerra mundial fue el resultado de la ambición de poder guiada por ideologías extremistas, inhumanas, basadas en el prejuicio y el orgullo irracional, concepciones antiguas basadas en teorías de una raza superior, de inteligencias superiores capaces de dominar el mundo y dirigirlo con su deseo hacia el progreso, ideologías falsas convencidas de ser depositarias de la verdad absoluta y de que cualquier idea contraria es equivocada y merece ser eliminada junto con sus seguidores, pensamiento que defiende sus ideas por la fuerza, por lo que rinden especial admiración a las fuerzas armadas como herramientas intocables e infalibles para hacer justicia. Finalmente, estas doctrinas toman fuerza en el absurdo de un líder nacido para mandar, un mesías para ser obedecido.

La humanidad padeció muchos personajes siniestros de esta clase, semidioses, emperadores, césares, tiranos, todos, no se sabe cómo, señalados por voluntad divina para ocupar los tronos, gobernantes que ordenaron acabar con pueblos enteros, masacrar recién nacidos como los santos inocentes judíos, reyes grotescos dueños a su voluntad de la tierra, de los bienes y de todos los seres vivos de sus reinos.

Mucho le costó a la humanidad superar esos tiempos en los cuales la vida no valía nada, apenas el aliento para huir, o esconderse, o caer en las cadenas del esclavismo, la hoguera, los calabozos, la guillotina o la horca, sin derechos, sin defensa, sin juicio, solo por la voluntad del amo, el patrón o el soberano.

Mucha sangre corrió por los caminos para lograr construir un mundo diferente, muchas cabezas de reyes rodaron en los patíbulos para convencerlos que el pueblo tiene derechos, grandes guerras se libraron para dividir el poder de la monarquía y entregarlo a los legisladores, a los magistrados y a los presidentes. No fue fácil escribir los primeros códigos, leyes, constituciones, para dejar constancia de los derechos, para que no se olvide que existe el debido proceso y la necesidad de defensa.

Pero el pueblo debe estar alerta, porque lo que se ha conquistado se puede perder, la escasa democracia que tenemos debe protegerse todos los días, a las nuevas generaciones se debe explicar que las constituciones no han sido un regalo de buena voluntad de los poderoso, que los derechos se han conquistado en contra de los gobernantes. La juventud debe saber que la cosecha que disfruta hoy se debe al duro trabajo de muchas generaciones anteriores, al sacrificio de muchos patriotas que nos heredaron esta tierra para que nosotros sigamos la larga brega de cultivar la esperanza de un mundo mejor.

El pueblo debe estar alerta, porque cada cierto tiempo vuelven los viejos tiranos reencarnados en falsos profetas ungidos por la arrogancia y la venganza, para sojuzgar a los pueblos, con su coro servil de indeseables medrando sin pudor favores y prebendas.

Es nuestro deber de ciudadanos cuidar los derechos, avanzar en la utopía de la igualdad, defender la esencia social de las instituciones, de los tribunales como esperanza de justicia, del parlamento como foro público de todos y todas.

Solo el pueblo puede rescatar los derechos en la oscura noche que vive Colombia, en donde la Declaración Universal de los derechos ha sido mancillada, en donde la vida no vale nada, los tribunales de justicia han sido amenazados, en donde los bárbaros acumulan poder y llenan de vergüenza a la patria.

Volvamos a leer la declaración universal de derechos humanos, no podemos olvidar que todos somos iguales, que todos tenemos derechos y la vida es sagrada.

LUIS CABRERA

Diciembre 11 de 2020

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