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De sociedad de masas hacia comunidad

El ser humano es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino que está con el mundo (Freire, 1976), es decir, el ser humano no puede considerarse como un ser incluido sino que a partir de su misma existencia ya establece una relación que lo lleva a estar en y con el mundo, el problema aquí es que justamente es en esa relación entre seres humanos y con su entorno, en donde se pueden presentar situaciones de inequidad a partir de las cuales se despliegan las relaciones de poder desiguales con subordinación de conciencias y este proceso, lleva a la alienación y la negación del propio ser y es ahí,  donde el proceso comunicativo cobra mayor importancia puesto que éste posibilita que cada persona pueda decir su propia palabra libre y críticamente.

Esto significa que, aunque “exista ese derecho a la libre expresión” y que, aunque a su vez, el proceso comunicativo promulgue el decir la libre palabra, es imperioso asumir una posición activa, crítica, cívica y de respeto con la propia palabra pero también con la de ese “otro”, entendiendo en todo momento que el ser humano se construye en comunidad (Freire, 1976), que fuera de ello no es posible la existencia humana y que toda acción conlleva a una reacción dentro de un entorno inmediato.

Por lo tanto, es importante humanizar la palabra de ese “otro”, comprendiéndola como parte inexorable de la propia presencia humana y que sin la cual, no podría ser posible la existencia social (Pasquali, 1970) y tampoco no habría sentido por sí mismo, es decir, la palabra es ese elemento unificador que implica que el ser humano como ser conviviente, tiene en esencia el estar en una situación relacional y es en el ejercicio de esa relación, en donde las sociedades de masas comienzan a evolucionar hacia una concepción de comunidad, donde es posible un mundo no homogenizado sin lugar a la uniformidad ni valores impuestos de modo institucionalizados especialmente por los poderes académicos, políticos, religiosos y/o mass media; por su parte, al evolucionar hacía la noción de comunidad se entiende que los seres humanos comparten elementos en común y puntos de encuentro, más no se pierde la particularidad de cada ser, cada palabra y cada mundo.

Bajo esa lógica, Colombia es un Estado Social de Derecho y por ende, se espera que sus políticas se fundamenten en la protección y en la dignidad de los derechos fundamentales de los seres humanos, promulgando entonces, el bienestar de todos los ciudadanos; además de otros elementos, esto supone que los ciudadanos por Constitución tienen derecho a un nombre, una identidad, así mismo de soberanía y autonomía, y esto lo expresa el artículo 18 de la Constitución Política de Colombia “Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia”. Entonces en el ejercicio de lo promulgado por la CPC, se espera que nadie sea oprimido, subordinado, negado, dominado o asesinado por sus ideas y por decir su propia palabra, sólo así, puede llegar a ser posible la noción de comunidad en Colombia.

Daniela Córdoba

Comunicadora Social

Especialista en Gerencia de Proyectos – Magister (c) en Pedagogía Social

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