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Criterio Propio VS Emocionalidad de Masas

A lo largo de la historia los caudillos y líderes populares han ido portando facetas que terminan convirtiéndoles en personajes políticos, lo que no vemos conscientemente es que su metamorfosis termina posicionándolos hasta crear un impacto en la masa. ¿Porqué un referente cívico, artístico, cultural termina constituyéndose como orador político? Me atrevo a afirmar lo implícito cuando me sumerjo en la historia y comparo como Mussolini, Hitler, Ernesto Guevara, Diego Rivera, Margaret Tatcher, Federico Garcia Lorca, Mario Vargas Llosa y muchos otros personajes de la vida pública mundial tienen algo en común y es precisamente el impacto en la masa, ese “amasijo de cuerdas y tendones” que de individualidad pasa a colectividad; esa mente particular en cuyas afinidades encuentra vínculos frente a otras mentes y terminan convirtiéndose en el consciente – inconsciente colectivo.

“Levanta una piedra y ahí estaré, divide un trozo de pan y me encontrarás” los líderes según la kabalah son “iniciadores que revisten el impulso del primero”, esa calificación de emprendedor lo hace atractivo porque encarna las afinidades de un consciente – inconsciente colectivo construido por ideales con promesas futuras y es precisamente lo que los personajes famosos de la humanidad reconocidos por su garbo de liderazgo hacen: Portar ideales con promesas futuras.

Conversaba yo hace unas semanas con una amiga sobre la incidencia de Diego Rivera y su trascendencia en el arte y la política; quizá para muchos su obra no porte las “premisas del arte”, pero así como es de subjetivo y filosófico llegar a “definir” tales premisas, yo quise centrarme en que las formas de expresión humanas y la dinámica del lenguaje tienen un propósito inequívoco fundamental y es precisamente “el mensaje”.  Conscientes o no, cada persona exterioriza sus mensajes de diversas maneras, el ser humano pasa su existencia creando vínculos con el exterior como espectador o como agente transformador de la realidad, más aún los iniciadores o líderes de causas que abarcan desde el arte hasta la medicina, los de ellos son mensajes que para mi siempre evolucionan hasta volverse políticos porque el tema de conocimiento ha tejido un proceso intelectual en el líder cuyo conocimiento y consciencia sobre determinado tema termina vaciándolo a la realidad de su causa en contraste al ideal que “debería” existir respecto a ella.

Pero es ese constructo del ideal respecto a una causa el que peligrosamente está permeado con los sentimientos del líder haciéndolo la personificación de un sentir que en su recorrido habrá de recoger como un imán a todos aquellos que se identifiquen con los mismos sentimientos desembocados en un discurso; y el discurso invocará acciones, acciones que materializarán los deseos del ideal respecto a esa causa.

Mucho se ha escrito sobre la megalomanía, sabemos que las actitudes mesiánicas de Hitler se compararon en su momento a la promesa del “redentor” y sabemos también que Maria Félix se identificó a si misma como la mujer independiente que se mofa de no tener marido y rayar en la misandria haciendo de su imagen un icono de mujer brava e indomable.

Entonces, el mensaje reviste el cariz de la materia que comunica, reviste también una carga emocional producto de la relación del autor del mensaje con su trabajo y se enlaza con el auditorio, según dichas afinidades llevará ese mensaje y por ende la carga emocional que transfiere el autor, somos entonces influenciados no solo por el producto del trabajo del comunicador sino también del ímpetu emocional y las motivaciones de tal autor.  Ninguna exteriorización es finita me atrevo a decir, porque, si se tratase de los resultados de un estudio científico, entrega los conocimientos para que algo más ocurra después de que se entregue, ¿a quien va dirigido y para que? El movimiento perenne de la rueda de la comunicación y el conocimiento es un compromiso de la humanidad inherente a su evolución.

El auditorio consume tantos mensajes de iniciadores, tanta carga emocional que les impacta, pero, ¿ese auditorio es una tubería por la que pasa cualquier contenido, a cuyas paredes se adhieren residuos? La globalización y el capitalismo nos han proporcionado oportunidades de conectar con los mensajes de tantos líderes sobre tantas materias que filtrar esos contenidos es un tema ya no solo de responsabilidad gubernamental sino también de criterio personal.  Nuestras madres nos preguntan en la cotidianidad de la adolescencia: ¿Entonces si su amigo(a) se lanza por un abismo usted también?.

De lo que escuchamos, de lo que el ruido de la globalización y la disponibilidad de canales de comunicación nos provee, ¿hacemos un filtro? ¿Qué tan conscientes estamos de que somos material de disposición para los afiebrados de las causas, que causas nos identifican y que tan sabios somos a la hora de elegir quien se mete en nuestro cerebro para implantar sus emociones y sentimientos?

Uno de mis directores hollywoodescos favoritos es Cristopher Nolan (director de cintas como «El origen» y «Memento»), en su lenguaje psicológico juega a implantar ideas en el auditorio y éste a su vez responde como una masa emocional confundida entre las emociones de la duda y la información “racional” que “cree” haber recibido. Eso hacen los lideres, los comunicadores, todo aquel que exteriorice un conocimiento, todo aquel que sepa hacer de las emociones y sentimientos humanos un instrumento para plasmar en el mundo de las ideas un producto tan inteligible como si se tratara de una obra física material de masa y volumen definidos.  Hasta aquí todo está claro, quizá sea menos complicado de lo que parece, pero la verdad es que la masa es ignorante hasta que el eslabón individual empiece a construir su propio criterio filtrando el exceso de argumentos pero también a marcar el limite frente a los caudillos de causas meramente emocionales.

En este amor al criterio propio, a la formación intelectual que provea independencia sobre la mente y el acto, la tasa de población que obedece a los deseos de un hábil manipulador emocional es mas alta de lo que a tales habitantes les gustaría reconocer, por un lado, porque por el otro lado, hay en aquella tasa individuos que reconocen ser adeptos y defensores orgullosos y conscientes de un pensamiento a todas luces vengativo e irracional, en negación o no pero ciertamente todos militantes del precepto maquiavélico.

Quien diría que en esa extensa atarraya filosófica del pensamiento político Bakunin revelaría un mensaje en el que algunos empezamos a vislumbrar la solución, pero tan disruptivo y evolucionado que fue calificado en su tiempo de ilógico, trastornado incluso de terrorista: “la conciencia del individuo como portador de poder” desde la conciencia del empoderamiento ciudadano, es la verdadera actitud del criterio responsable, la piedra filosofal que acabaría con el paupérrimo político emocional, un vendedor de humo capaz de teatralizar su inocencia exponiendo sin exponer su “sacrificio de mártir”, en Colombia la polarización política no es racional, es una vergonzosa apuesta por el poder donde se manejan a su antojo las mentes, emociones y sentimientos de individuos usados, bueno, de los que se dejan usar.

Salomé Solarte

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