OPINIÓN

Crecimiento económico ¿un único camino viable para el desarrollo?

La idea de desarrollo empezó a surgir a partir del año 1940 siendo articulado con las teorías para el crecimiento económico, esto quiere decir que el desarrollo quedaba intrínsecamente relacionado con la concepción mental que los países pobres estaban en esa condición por los niveles de renta bajos y, por lo tanto, se buscaba superar el estado de “subdesarrollo” a través del crecimiento económico aumentado el PNB (Amartya, 2004).

Bajo este escenario de crecimiento económico para lograr el desarrollo, aparece el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en los años noventa, proponiendo un nuevo enfoque conocido como Desarrollo Humano. Este enfoque surgió como una crítica a la economía del desarrollo dominante, que se caracteriza por sobre centrar la economía, desconociendo el papel que cumple el ser humano en dicho proceso. Es así, como la primera publicación emitida por el PNUD en 1990 “Informe sobre Desarrollo Humano” contribuyó a ubicar al ser humano en el centro del desarrollo, adicionalmente, en todas las publicaciones anuales, el PNUD propone una serie de elementos distintos a tener en cuenta para lograr ese desarrollo con enfoque humano (PNUD, 1995) (Es importante aclarar que no fue el primer informe que se publicó en el mundo, proponiendo al ser humano como el centro del desarrollo).

Dicho esto, la propuesta del PNUD y de las teorías de desarrollo con enfoque humano, es ver el desarrollo como ese escenario posibilitante para que las personas disfruten de una vida larga pero la esencia va ubicada en términos de dignidad y bienestar. “El desarrollo humano es un proceso conducente a la ampliación de las opciones de que disponen las personas. En principio, esas opciones pueden ser infinitas y pueden cambiar a lo largo del tiempo. Pero a todos los niveles de desarrollo, las tres opciones esenciales para las personas son: poder tener una vida larga y saludable, poder adquirir conocimientos y poder tener acceso a los recursos necesarios para disfrutar de un nivel de vida decoroso. Si no se dispone de esas opciones esenciales, muchas otras oportunidades permanecen inaccesibles” (PNUD, 1997), de la misma forma, el desarrollo humano ve la posibilidad que las personas puedan tener una verdadera libertad política, económica, social y hasta la oportunidad de autorrealizarse como personas creativas y productivas (productividad económica, técnica y social – Gutiérrez, 2003) disfrutando siempre de sus derechos.

Con lo anterior no se intenta desconocer en absoluto la importancia del crecimiento económico, ya que la propuesta va en lógica de no tomar ese crecimiento como un fin en sí mismo sino más bien, en ampliar todas las opciones humanas más allá de los ingresos: un bienestar integral. Se propone es ampliar las opciones humanas en todas las esferas, aprovechando la capacidad humana tanto en países en desarrollo (emergentes) como industrializados.

Por su parte, los modelos de crecimiento económico se centran en el aumento del PNB, desconociendo muchas veces el mejoramiento de la calidad de vida no sólo humana sino la calidad de vida en general (enfoque de desarrollo sustentable y sostenible). En esta lógica economicista, se toma a los seres humanos como un insumo del proceso de producción, es decir, el ser humano es instrumentalizado convirtiéndose en un medio más que en un fin.

El enfoque de desarrollo humano abarca muchos elementos, sin embargo, podemos hablar de cuatro principios fundamentales: productividad, equidad, sostenibilidad y potenciación, esto en clave de articular el crecimiento económico con la distribución equitativa de sus beneficios, otorgando una participación importante a las personas en el diseño y la ejecución de las decisiones transcendentales que permean sus vidas.

Finalmente, bajo este contexto surgió el Índice de Desarrollo Humano (IDH) el cual esta compuesto por tres indicadores: esperanza de vida, educación y PIB (paridad de poder adquisitivo), sin embargo se debe tener en cuenta que esta no es una medida de felicidad o bienestar, sino más bien una medida de potenciación: “El IDH, por imperfecto que sea, es una alternativa viable al PIE per cápita y se lo utiliza cada vez más a fin de justipreciar el adelanto de los países y de la sociedad mundial. El IDH sólo proporciona una fotografía instantánea de la situación del desarrollo humano en algunas esferas escogidas y, por lo tanto, no constituye una medición integral del desarrollo humano” (PNUD, 1995). Lo que se propone, es complementar esta medida con otros indicadores para medir el desarrollo humano en los países y no sólo articular el desarrollo con el crecimiento económico.

“El crecimiento económico como único camino para el desarrollo, nos ha dejado contrastes y segregaciones muy inquietantes”.

 Daniela Córdoba

Comunicadora Social – Especialista en Gerencia de Proyectos

Magister (c) en Pedagogía Social

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