COLOMBIA

«Comisionado para la Paz» deja su cargo | Otro que se va y los problemas quedan

El alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, deja el cargo a partir del 26 de mayo, presentó su renuncia al presidente Iván Duque el 3 de mayo de este año. Había dicho que iría hasta el 22 de diciembre, pero adelantó su retiro.

Ceballos encabeza la delegación del gobierno en la mesa de negociación con el Comité del Paro. Dijo que ha sido encargado de muchas y altas responsabilidades en el gobierno, pero que se va para «darle un nuevo rumbo a su vida profesional».

Habló de los acercamientos con el ELN, para los que tuvo el apoyo del papa Francisco y de la ONU. Contó que Uribe lo desconoció en dos ocasiones y sin consultarle adelantaba por su cuenta acercamientos con esa guerrilla.


La crisis es general y el paro con sus protestas es apenas una de sus manifestaciones. Pero lo cierto es que en este momento los grupos políticos están viviendo tiempos difíciles. El uribismo que puso presidente no encuentra salida, las contradicciones al interior del gobierno y los retiros, son producto de tensiones y ambiciones entre los jefes. Vargas Lleras amagó con apoyar el hundimiento de la reforma tributaria mientras esperaba que la de salud fuera aprobada, ahora pasará cuenta de cobro al gobierno por acompañarlo, creyendo que volverán a engañar y calmar para que todo siga igual.

Hay algo que debe tenerse en cuenta. Vargas Lleras, César Gaviria, Juan Manuel Santos, y demás, cuando critican al gobierno, están expresando el descontento con la repartición en el gobierno, haciendo evidente su enojo con el patrón Uribe, pero no tienen contradicciones de ruptura.

Finalmente, cuando el pueblo se para y sienten que crece una alternativa con opción de poder, se juntan, porque en el fondo son parte del mismo modelo y responsables de la misma crisis. Escucharlos diciendo que «hay que rodear al presidente Duque» o «yo le tiendo la mano a Uribe» como si eso importara, o fuera lo que quiere la sociedad colombiana, es otra muestra que buscan es usar la crisis, acomodar sus cargas, y continuar mandando por encima de las angustias, problemas y expectativas de los sectores sociales que se han levantado.

No hay opción distinta a la alianza de las distintas fuerzas populares, lograr que de este lado también haya capacidad de deponer confrontaciones menores y comprender que se vive un momento donde la posibilidad de colocar el poder al servicio de la vida, se abre paso. Que la unidad de las calles contagie a los dirigentes políticos y sociales y se integren en primera línea de esta decisión colectiva.

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