OPINIÓN

COLUMNA | ¿Las recetas tradicionales frenan la inflación?

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) es el indicador que engloba la variación de los precios de los productos y servicios que componen la canasta básica familiar.

Que el IPC crezca de la forma que lo está haciendo significa que, en general, el dinero de los consumidores alcanza cada vez para comprar menos cosas. Así mismo, este fenómeno afecta más a los hogares más vulnerables, especialmente cuando el motor principal del aumento en los precios son los alimentos.

La inflación no da tregua en Colombia. De acuerdo con los datos más recientes, revelados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), los precios al consumidor subieron 11,44 % en su variación anual para septiembre (esto es comparando con el mismo mes del año pasado). En su medición mensual (o sea, entre agosto y septiembre), el IPC creció 0,93 %.

Los alimentos siguen siendo la categoría que más impulsa el crecimiento de los precios para los consumidores colombianos en su variación anual, con un crecimiento de 26,62 % para septiembre de este año, según informó el DANE. Esta categoría está contribuyendo con 4,53 puntos porcentuales de la variación anual total de la inflación.

El peso de los alimentos en la inflación es tal que, si no se computara este renglón en el resultado total, el IPC en su variación anual sería de 8,32 % y su medición mensual habría llegado a 0,77 %.

Las mayores variaciones mensuales para septiembre se presentaron en las divisiones muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar (1,65%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (1,61%).

Para septiembre, en su variación anual, la inflación de los hogares más pobres y vulnerables fue de 13,16 %, mientras que para los de clase media e ingresos altos fue de 11,60 % y 9,8 %, respectivamente.

De acuerdo con Beatriz Urdinola, directora del DANE, desde 1999 no se registraba una variación anual de este calibre en la inflación. Para septiembre de años recientes, el valor más alto anteriormente registrado fue de 8,97 %, en 2016.

¿Hasta cuándo irá la presión inflacionaria?
El principal mecanismo del Estado para enfrentar el costo de vida ha sido por medio del alza de tasas de interés y así desincentivar el consumo. De hecho, según el monitoreo de Trading Economics, en casi 85% de los bancos centrales del mundo la subida de tipos ha usado este movimiento para enfrentar la presión inflacionaria.

En Colombia, la subida de tasas empezó en octubre del año pasado, en ese momento la inflación que estaba en 4,5% empezó su escalada hasta el nivel de 10,8% de hoy.

Mientras el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo ve que es “frustrante” que el IP no ceda, el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar reconoce que hoy aún no se ve el impacto de las tasas “pero estamos a la expectativa de que los próximos meses sí ceda y en enero notaríamos esa reducción”.

Las tasas de interés del Banco de la República llegaron a su nivel más alto en 14 años.

Fue por el costo de vida que el Emisor, la semana pasada, elevó nuevamente los tipos en 100 puntos básicos, llevando las tasas a 10%. El viernes pasado se conoció que seis directores votaron a favor de esta decisión y un miembro de la Junta se inclinó por un incremento de 50 pb.

En un hilo que hizo en su cuenta de Twitter, el presidente Gustavo Petro criticó que el pasado 29 de septiembre la junta directiva del Banco de la República subiera las tasas de interés 100 puntos básicos.

Petro aseguró que esa medida no sirve para contener la inflación.

Inflación y recesión son dos palabras que, al menos por estos días, parecieran ir casi de la mano. A estos dos términos habría que sumarle tasas de interés.

El frenético aumento en los precios a nivel global terminó por sellar el ritmo de recuperación de las economías luego del largo y doloroso freno que impuso la pandemia en 2020. La reactivación vino con un apetito del lado de la demanda, que no logró suplirse del todo gracias a problemas de producción derivados de los días más crudos del covid-19.
Entre cosas como la crisis de los contenedores, así como la guerra de Rusia en Ucrania, es que llegamos a un escenario en el que la inflación pareciera ser el mayor peligro para las economías de todo el planeta, incluyendo la colombiana.

En el país, por ejemplo, el indicador lleva tres meses con dos dígitos (11,44 % en agosto) y la perspectiva de los analistas es que cierre el año cercano al 12 %.

Y aquí hay una pregunta que viene rondando hace unas semanas.

¿hay otras formas de ajustar cuentas con la inflación más allá de las tasas de interés?
Lo que resulta claro es que si el Banco de la República, sube su tasa de interés, los demás bancos verán una presión financiera para prestarle a los ciudadanos y empresas a mayores tasas también.

Una subida de tasas de interés tiene la intención teórica de hacer un poco más escaso el dinero y de encarecer los créditos. Y estos dos elementos tienen, a su vez, la posibilidad de influir en las decisiones de consumo de las personas: si el crédito se encarece mejor no endeudarse para comprar moto, carro, o casa.
Estas decisiones, colectivamente hablando, pueden ponerle un freno a la demanda, lo que a su vez puede terminar por bajar los precios de algunos bienes y, por ese camino, empujar hacia abajo la inflación.

Lo concreto es que los incrementos en las tasas pueden terminar por desacelerar demasiado una economía: sí, se trata de quitarle oxígeno a la demanda, pero no tanto como para impactar duramente al consumo y, con ello, a todo el andamiaje.

Entonces, de nuevo: actuar, ¿pero hasta dónde?
En consonancia con la postura del presidente Petro, en su informe anual, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) advirtió recientemente que el impulso de los bancos centrales para subir los tipos de interés son una “apuesta imprudente”.

La agencia dijo que se requería una “corrección de curso” urgente para evitar que el aumento de las tasas lleve a una serie de crisis de deuda, sanitarias y climáticas para los países más pobres, que aún siguen lidiando con las consecuencias económicas de la pandemia y la guerra de Rusia en Ucrania.

En su reporte, la Conferencia aseguró que los países ricos están usando tácticas de los años 70 y 80 para expulsar la inflación de sus sistemas que no considera adecuadas para la coyuntura global actual.

El rápido aumento de las tasas de EE.UU. —la Fed ya ha elevado su tasa de referencia al 3,25 %, desde un nivel cercano a cero en marzo—, ha llevado al dólar a un máximo de dos décadas.
De acuerdo con cálculos de la UNCTAD, las subidas en las tasas de interés de la Fed le restan unos US$3,6 billones en ingresos futuros a los países en desarrollo (con la notable excepción de China).

En Colombia, el presidente Gustavo Petro ha criticado más de una vez el papel de las tasas de interés (y su trayectoria en crecimiento) en los menos de tres meses que lleva de mandato.
Si bien algunos analistas no ven como positivo ese tipo de ruido (el Banco de la República es un órgano independiente del Gobierno), tampoco es la primera vez que un presidente hace comentarios al respecto, ni aquí ni en otros países: Trump se fue varias veces contra la Fed por este tema.

Además de las tasas de interés, el otro elemento que pega en la inflación en Colombia es el dólar, por la sombra grande que la divisa tiene en una porción nada despreciable de los alimentos, importamos 13,8 millones de toneladas, lo que representó un total de US$8.830 millones en 2021. De estas importaciones, los productos que más llegan del exterior son maíz, trigo y tortas de soya con compras externas de 6,1 millones, 1,9 millones y 1,5 millones de toneladas respectivamente, que representa 70% de las importaciones totales de alimentos.

Las compras de estos productos se explican por la necesidad en la producción, pues el país aún no puede cubrir su demanda a nivel nacional. Además, son insumos indispensables para la producción de los alimentos para animales, como gallinas, cerdos y peces.

Si bien la fortaleza del dólar está atada principalmente a factores externos, varios analistas coinciden en que no ayuda en lo absoluto el mecanismo de pronunciamiento ministerial (o presidencial, vía Twitter) seguido de aclaraciones del ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo.

Al final, el dilema con las tasas de interés pareciera no tener una respuesta ni fácil, ni única, pues los caminos alternativos también pueden presentar abismos para más intervención. Y esto no para decir que el mercado es perfecto. Lejos de eso. Pero los controles o subsidios pueden terminar introduciendo mayores complejidades en el corto y mediano plazo, según algunos.

Además de las consecuencias macroeconómicas, resuena fuerte en este debate el llamado de la UNCTAD: hay que ver la inflación, y las tasas, desde una perspectiva global que lesiona a las personas y los países más vulnerables. No hacerlo puede abrir el camino para más, y peores crisis.

La consecuencia lógica de la subida de las tasa de interés, será el reforzamiento de la disminución del ritmo de crecimiento de la economía colombiana y de la generación de empleo e ingresos para la población, a la vez que no está claro que se logren los objetivos de controlar la inflación y la devaluación del peso, que son inducidas por los factores externos ya comentados, los que no podrán ser contrarrestados por mayores exportaciones, dada la escasa diversidad productiva del país y la misma debilidad económica del resto del mundo.

Desafortunadamente la ciencia económica no es una ciencia exacta y el desarrollo de los algoritmos tampoco ha alcanzado el nivel de precisión como para predecir el futuro.

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