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Acciones de solidaridad y búsqueda de soluciones

Por: Carlos Sánchez

Los pueblos entierran a sus muertos, las autoridades anuncian investigaciones y otras piden inversiones, lo que viene son acciones de solidaridad y gritos de protesta, pero qué podemos hacer en realidad para encontrar una salida, es la pregunta del común, o lo que comúnmente se pregunta la gente ante el temor real que en una semana otros muertes sean la nueva noticia y el dolor se vaya reduciendo hasta quedar en lo más íntimo de los familiares.

Hay escritos que tratan de explicar nuestra experticia en escandalizarnos, discursiarnos y olvidarnos, como una elaboración cerebral para poder seguir viviendo. Es posible que sea así, pero lo grave en Colombia es que se da para seguir muriendo.

Puede ser que parte del mal, que parece sin remedio, esté en que nos perdemos en los momentos decisivos, por temor a buscar cambios de fondo, por el afán de decir algo, por la costumbre de usar los males para reforzar prejuicios, por el vicio de hacer “política” por encima de todo, por el terror a la coherencia y preferir siempre calcular lo que dice y esperar para no hacerlo.

En la masacre de Samaniego, como en los interminables capítulos de la tragedia nacional, se va ha dar la secuencia que confirma nuestra incapacidad de hacer algo distinto a la gran preocupación, cierta o fingida, y los elocuentes anuncios que en poco nadie recuerda.

El Ministro de Defensa estuvo en Samaniego y pidió a los nariñenses apoyo para el glifosato, ese es el resumen, palabras más palabras menos nos dijo esto pasa por el narcotráfico y a nosotros nos mandaron la fórmula para combatirlo, entonces apóyenos. Por eso toca buscar que cambien o cambiarlos.

Los llamados a la unidad sin distingos desde los gobiernos son falsos, ellos saben que sólo responden los que tienen puestos y en la medida de la cuota, la ilusión de mega inversiones que se necesitan no es cierta en gobiernos nacionales con prioridades distintas al bien social que no tienen autonomía de invertir fuera del libreto de los dueños del país, el llegaremos hasta las últimas consecuencias está entre las frases más desprestigiadas, ¿entonces?

Algo debemos hacer. Que tal si intentamos un Plan de Ordenamiento Social, en memoria a los jóvenes asesinados, para no seguir llenando la poca memoria que nos queda de más muertos por la violencia de los insaciables de poder y de dinero. Intentemos un Pacto Social con una nuevas reglas de juego.

Que tal si empezamos con una revisión pública de los recursos que tienen todos los niveles de gobierno y nos inventamos mecanismos de consulta y decisión que combinen el afán de las necesidades con el conocimiento de los estudiosos, logramos la voluntad de los políticos que se comprometan a impulsar lo que se acuerde y ejecutamos los contratos sin pedir comisiones y todos estamos pendientes de que se hagan las cosas bien y a tiempo. Se debe convocar para decidir y si los políticos en el gobierno deciden seguir haciendo lo mismo como si estuviéramos bien, que los jóvenes convoquen sin prevenciones, con grandeza una acción conjunta de la sociedad por la vida, que se materialice en decisiones de poder.

El país está de luto, el país está revuelto, el país se siente sin rumbo, este es el momento de no perdernos, intentemos algo, empecemos de nuevo.

Carlos Sánchez

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